7 mar. 2018

Nuestra pequeña vida


Nuestra pequeña vida

Con cierta prisa revisamos números:
el viaje de los veloces relojes.
Nos cansan las tareas y las postergaciones
y día a día, fuera de agenda,
vivimos algo pequeño.
Quizá enderezamos un cuadro
justo al lugar de la luz.
Quizá acariciamos a un gato callejero
y nos da sensación hogareña.
Quizá a tiempo le sonreímos al señor Godínez
para que tuviera una buena tarde.
Puede ser poco dar la dirección correcta a quien busca una casa,
o darle un sinónimo a quien anda destrabando una idea,
así como es insuficiente un abrazo para quien llora la muerte.
También, para quien espera en el pasillo del hospital
la operación de su hijo, es un acto modesto
ofrecerle un dulce…
Pero si revisamos los números de nuevo:
esos relojes veloces que en su viaje dicen incansablemente:
para los héroes con capa ninguna alarma suena.
Sólo el segundero frágil se escucha
el de los actos pequeños
que bien cumplidos
nunca son insignificantes.

27 feb. 2018

Las tareas motivantes


¿Son posibles las tareas motivantes para los alumnos? Por experiencia sé que sí. Tengo más de diez años dando clases y he observado emociones de entusiasmo y frustración en los rostros de quienes escuchan mis clases dependiendo de las tareas que propongo. Acaso, como me baso en mi experiencia en vez de en alguna teoría pedagógica europea, fácilmente podrán rechazar mis afirmaciones.
Si aseguro, por otra parte, que he mejorado como docente gracias a la experiencia, voy a provocar carcajadas, o al menos, discretas sonrisas entre los teóricos de la pedagogía. Sólo se mejora la práctica docente cuando se aplican sin cuestionamientos las estrategias establecidas por un órgano central de planeación didáctica que jamás ha dado clases.
Lamentablemente los lineamientos sobre cómo debemos conducirnos los docentes cambian sexenalmente. Entonces en ciertos momentos se nos podría exigir que no haya tareas y en otro momento que obligatoriamente las pidamos; que en un momento suprimamos todo contacto no académico con los estudiantes y que en otro momento los apapachemos para que logren una catarsis emocional que los haga felices. ¿Qué significa esto? Que pasamos de una teoría pedagógica a otra y que debemos seguirla porque a pesar de que la pedagogía no es una ciencia, quien estudia pedagogía adquiere, casi mágicamente, un poder sobrehumano para planear estrategias didácticas que teóricamente funcionan.
¿Y si yo quiero apelar a la experiencia, según mis propios criterios formados con años de clases a diversos grupos, en distintas materias y niveles, tanto en escuelas públicas como privadas? Podré hacerlo, me dirán los pedagogos, pero como no voy a citar a constructivistas, conductistas, cognotivistas ni conectivistas será como exponer sin conocimiento.
Retomando la pregunta: ¿son posibles las tareas motivantes para los alumnos? En cierto sentido, es una pregunta obvia. Por supuesto que hay tareas que dan ganas de hacer. Es preferible replantearlo: ¿cuáles o cómo son las tareas que motivan? Las que estimulan la creatividad y el lucimiento personal. A los seres humanos nos gusta presumir aquello en lo que somos buenos. Nos gusta el reconocimiento, la valoración, el aplauso. Nos gusta provocar la admiración. Y, por eso, aunque parezca evidente, quiero hacerlo explícito: los alumnos quieren ser admirados por sus profesores.
Imaginen a chico o una chica que sabe sus talentos para escribir, dibujar o resolver misterios, pero se lleva como tarea a casa realizar una transcripción de Wikipedia o resolver ejercicios de un libro que trae las respuestas al final. ¿Cómo va a valorarse a sí mismo y a sentir que vive experiencias académicamente valiosas si sus labores son mecánicas? Lo peor es que termina por concebir que lo propio de la escolaridad es cumplir con ciertos trabajos, aunque de ellos no se aprendan ideas. Sin embargo, de esos trabajos sí se aprende cierta pasividad, cierto adormecimiento crítico. “No sé para qué me deja copiar esto, pero yo sólo quiero pasar la materia y por eso lo hago”, dicen los estudiantes.
No es nada extraordinario que estudiantes que suelen ser incumplidos, si se les motiva adecuadamente resulten ser mejores estudiantes, más creativos y analíticos, que aquellos que siempre cumplen aunque no tengan claro para qué hacen las cosas.
¿Y cuál es la motivación adecuada? Depende de las habilidades innatas de cada quien. A unos les gusta hacer maquetas, a otros exposiciones, a otros resolver cuestionarios. No hay una sola cosa que pueda motivar a todos los miembros del grupo. Por eso es importante diversificar, para que en algún momento, cada uno sienta que ha podido tener su momento de lucimiento, la posibilidad de mostrar su talento. Acaso sobra decir que para ello es indispensable una tarea creativa y no mecánica: ser hábil para trasladar de una página de internet hacia un cuaderno rápidamente cincuenta datos biográficos de un personaje difícilmente podrá enorgullecer a alguien.
De esa manera mi experiencia me ha dicho que las mejores tareas son aquellas que pueden hacer sentir a los alumnos orgullosos de haberlas cumplido e, incluso, presuntuosos. Uno como docente debe disfrutar la presunción del estudiante: “mire, qué bien me quedó, escuche cuántas cosas sé de tal tema”.
Principalmente doy clases de literatura y mi experiencia me ha convencido de que es preferible tener una sola tarea a lo largo de los cursos: en clase textos breves, y en casa textos de largo aliento como las novelas. Hay muchas formas de complementar (videos, películas, organizadores gráficos, etc.), pero estoy persuadido completamente que la forma de identificar a alguien que ha aprendido a ser un buen lector, lo cual para mí es el objetivo de una clase de literatura, es descubrir que invierte su tiempo y dinero en libros por voluntad propia.
He aquí la clave: si un niño, o un joven, por voluntad propia busca conocimientos, con total certeza, podemos afirmar que se ha cumplido el propósito de las tareas escolares: mantener viva la hoguera de la curiosidad. En cambio, si copia las tareas o cumple con ellas mecánicamente, irreflexivamente, de forma desmotivada, simplemente para conseguir un número aprobatorio en una boleta, no sólo se está apagando su hoguera de curiosidad, se le está invitando a realizar en la vida acciones carentes de significado y propósito.
En fin, quizá he dicho propuestas que cualquiera puede pensar por sí mismo, pues me he basado el sentido común, por lo mismo, ha sostenido ideas poco o nada pedagógicas. Si lo sostengo es porque confío en que la experiencia es una buena docente; y compartiendo experiencias, los docentes podemos cumplir mejor nuestra tarea de inculcar valores asociados a la búsqueda del conocimiento.

11 oct. 2017

Negación

Hasta próximo aviso se reanuda
la actividad normal.
Entretanto el día quedará suelto,
desorbitado, polviento, disperso
y con cierto temblor de aire en el cuerpo.
Permanezcan atentos:
las noticias serán como las nubes,
como agitadas cortinas oscuras,
bocanadas de deseo sin orden,
pasos que van y vuelven.
Para mayores informes: juguemos
a ser sonrisa de estatua. Quietura.
En la cama insomne seamos budas.
Tened paciencia: no es frágil ni breve
la vida.

10 sept. 2017

Brevísima historia de la literatura universal

http://sombradelaire.com.mx/brevisima-historia-de-la-literatura-universal/

Hace unos años, José Emilio Pacheco escribió una breve historia de la literatura mexicana. En tal esfuerzo vi un modelo para los estudiantes a mi cargo y, por ello, les propuse que desarrollaran sus competencias haciendo una brevísima historia de la literatura universal, debían apoyarse en Wikis y Blogs para que no quedara duda de que utilizan TIC’s. En fin, sin más comentarios, a continuación comparto la evidencia de aprendizaje:
La literatura más antigua que se conoce es la de los somalíes, no es verdadera literatura porque en vez de ser europeos eran hijos de extraterrestres illuminatis. El dios Gilgamesh les enseñó a escribir poemas pero ellos no pudieron escribir derecho nunca y sólo hicieron una escritura deforme, por eso les mandó un diluvio que mató a todos los humanos e incluso a los dioses, así que sólo se salvó el arca de Yaveh, quien por suerte había invitado a personas de todos los transgéneros a su arca, la cual mientras diluviaba navegó por los siete mares hasta llegar a Ítaca.
En Ítaca, Grecia, aunque sean pobres y no sean güeros, son prácticamente europeos y allí comenzó la literatura verdaderamente universal con el criollo Ulises, un dublinés que era navegante y como dijimos en 80 días dio la vuelta a los siete mares conociendo a los chinos, a los mayas, a los indios de India, a los egipcios que entonces eran esclavos de los Anunnaki para quienes construían pirámides como estacionamientos para sus naves espaciales, como mucha gente murió haciendo pirámides, escribieron en su memoria una saga que se llama El Libro de los Muertos, donde se dan instrucciones para que las momias puedan reencarnar en el cielo. Por otra parte, los chinos que le tenían mucho miedo a las momias construyeron una muralla rizada gracias a la inspiración que les dio el primer libro de superación personal: El Arte de la Guerra, de un autor al que apodaban el mosquito Zun Zun. Mientras tanto, en la India se dedicaron a escribir literatura erótica como Las mil noches con una y con otras, después el Cama Sutra, donde Sutra significa posiciones. Al mismo tiempo, los mayas escribían en su papel amate y en su calendario azteca, literatura profética; por ejemplo, aseguraron que habría calentamiento global en el año 2012 y como vimos, nos engañaron, aun así su novela más famosa fue el Popol – Catépetl, que es la historia de un Rabino que llega a Guatemala, donde tanto los guerreros águila como los jaguar lo sacrifican por no saber jugar a la pelota.
Volviendo a Ítaca, alguien que tenía capacidades diferentes en los ojos escribió La Ilíada y La Odisea, su nombre: Alessandro Baricco. Su novia, Safo, le escribió varias estrofas y como no logró nada se volvió lesbiana en una isla y se cambió de género. Luego tres amigos, Esquilo, Edipo y Eurípides, empezaron a competir para ver quién montaba mejores capítulos de una especie de la Rosa de Guadalupe de la antigüedad, que entonces llamaban tragadia griega, porque se ponían a tragar mientras la veían. A uno que le tocaba meserear y por eso le apodaban Platón, no le gustaba aquel escándalo y propuso que expulsaran de la ciudad a los borrachos y a los poetas, hasta que se dio cuenta de que eran los mismos, así de hecho comenzó la literatura filosófica: Si Sócrates es borracho y todos los borrachos son poetas, entonces Sócrates debe suicidarse con cicuta. Pero Platón se puso muy triste y tuvo que jubilarse, por lo que Aristóteles ocupó su lugar y dijo que los ebrios no ven las cosas como son sino como debieran ser, por lo tanto los ebrios son más filosóficos que los historiadores, esto impresionó mucho a Alejandro Magno, presidente de Grecia que también era borracho, de ahí que lo contratara como director del INBA.
Alejandro Magno más tarde conquistaría todo el mundo e hizo que los romanos aprendieran a escribir en griego, cuando eso pasó, Virgilio Piñera compuso La Eneida Garigó, que es la historia de cómo se enamoraron Electra y Eneas en Nueva Inglaterra, una vez terminada la Guerra de Sucesión. Otra obra destacada de la literatura romana es La Metamorfosis de Gregorio Samsa, un autor checo que recopiló muchas leyendas de la mitología griega, también escribió el best-seller El Arte de Amar, en el que psicoanaliza el complejo de Sófocles y explica por qué los romanos son de marte y las griegas de Venus.
Durante la Edad Media las personas se volvieron muy religiosas y entonces no escribieron más que la Biblia. No progresaron inventos y la población disminuyó, pues como eran religiosos: o no tenían sexo o sólo se relacionaban con menores de edad; por otro lado, los terroristas islámicos comenzaron a atacarlos, incluso conquistaron España, por suerte, no llegaron a Europa. De modo que después de la peste bubónica que los chinos crearon como arma de destrucción masiva, los europeos pudieron tener una etapa llamada La Reencarnación, donde destacaron artistas como Leonardo DaVinci, que inventó un código del que se hizo una película: La última tentación en la cena de Jesucristo. De la misma época es Dante Spaghetti, creador de un poema célebre: Una temporada en el infierno, con la cual alcanzó un súper éxito, hizo dos secuelas que ya no funcionaron tanto: El paraíso perdido y El paraíso recobrado. Ambas forman parte de la literatura utópica. Otro par de autores del período son William Cervantes y Miguel Shakespeare, que casualmente nacieron el día del libro, juntos escribieron varias obras: El Ingenioso HamletDon Macbeth de la Mancha y El Coloquio de Romeo y Julieta, que se trata de unos perritos que viven en Numancia y tienen que separarse por la invasión turca, entonces un mercader se los lleva a Venecia, pero se pierden y llegan a una isla donde viven el Caníbal, un asesino serial, y Ariel, una sirenita.
Posteriormente hubo una literatura barroca que nadie entiende por qué usan…, es decir, que los barrocos son profusos, desmedidos, exagerados, intensos, insistentes, repetitivos, desprolijos, abundantes, copiosos como tempestades, exuberantes, fecundos, recargados cacareadores y extremadamente excedidos. Destacaron Argote Góngora Luis de y Santa Juana Inés de Arco, inventora del Son Neto, el son veracruzano que siempre dice la verdad.
Al pasar el tiempo, comenzó la literatura clasicista también llamada ilustrada porque empezaron a venderse libros con dibujos y otros para colorear. Un autor muy serio de estos tiempos fue Jonathan Swift que escribió Los viajes de Marco Polo, en la que se incorporó en su versión pdf un prototipo de Google, que era Yahoo, para buscar palabras en el texto. La característica de esta literatura es que es muy didáctica y por lo tanto aburrida, todo se lo tomaban muy en serio, por eso nuestra modesta proposición es que nos olvidemos del siglo XVIII.
Finalmente, en el siglo XIX, bajo la idea de las nuevas masculinidades, los hombres se volvieron románticos y llorones. Nacieron otros géneros como la literatura fantástica: El Manifiesto comunista y Así hablaba Nietzsche; la literatura de terror: Crimen y Castigo, ambas muy buenas obras; la literatura de ciencia ficción: Introducción al psicoanálisis y La interpretación de los sueños; la literatura pistolar: James Bond y Sherlock Holmes. Para acabar con esto, surgió la literatura realista, destaca: Madame Naná, del inglés Lev Stendhal, que trata de una mujer que abandona a su hijo por irse a trabajar a un burdel de Vetusta, cuando se arrepiente se arroja a las vías de un tren siberiano.
Por último, la literatura terminó en el siglo XX cuando llegaron las vanguardias. El último escritor fue el surrealista Tristán Marinetti, cuyas palabras finales fueron: “Viva el mole de Guajolote”. Pero no hay de qué preocuparse, pues aunque la literatura esté muerta, Netflix está vivo.